Los activos tokenizados están reconfigurando silenciosamente la estructura de las finanzas mundiales. Aunque los criptoactivos en sí siguen siendo polémicos en las finanzas tradicionales, su tecnología subyacente —la cadena de bloques— es cada vez más reconocida por lo que es: una infraestructura independiente y eficiente para transferir valor.
Incluso en pleno «invierno» de las criptomonedas, el mercado de los activos tokenizados ha seguido creciendo, con una expansión de aproximadamente el 50% interanual. La razón es sencilla.
Al situar en una cadena de bloques activos tradicionales del mundo real, como dólares, acciones o bonos, las entidades financieras pueden agilizar de forma drástica sus operaciones. Transacciones que antes exigían múltiples custodios, cámaras de compensación y ventanas de liquidación pueden, en teoría, ejecutarse casi al instante en un registro compartido.