México es un buen ejemplo de este cambio. Lejos de ser un laboratorio de pruebas, el país se ha consolidado como uno de los mercados más relevantes en términos de adopción.
De acuerdo con datos de Chainalysis y Binance Research, se mantiene dentro del Top 20 global (posición 14 de 151 países) y ocupa el segundo lugar en América Latina. Pero más allá del ranking, lo que empieza a marcar la diferencia es cómo están siendo utilizados estos activos.
En un país donde las remesas superan los 60 mil millones de dólares anuales, los activos digitales han comenzado a posicionarse como una alternativa para transferencias más rápidas, con menores costos y mayor trazabilidad frente a los sistemas tradicionales.
Parte de esta eficiencia proviene de avances en infraestructura: redes de segunda capa (L2) que permiten procesar transacciones a fracciones de centavo, frente a los entre 1 y 50 dólares que pueden alcanzar en algunas cadenas base, con escalabilidad diseñada para casos de uso como pagos y transferencias internacionales.
A esto se suma la evolución de las stablecoins. Lo que antes era una herramienta limitada a nichos tecnológicos hoy empieza a consolidarse como una herramienta cada vez más utilizada dentro de los sistemas de pago, con aplicaciones tanto en gestión de liquidez y estabilidad financiera.
Fuente: Heraldo Binario
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