Tradicionalmente, la seguridad urbana se ha asociado con sistemas de vigilancia y herramientas tecnológicas. No obstante, una corriente cada vez más sólida plantea que el diseño del espacio público puede desempeñar un papel clave en la prevención del riesgo. El especialista Ernesto Mizrahi Haiat destaca que la forma en que se organizan calles, plazas y edificaciones influye directamente en la percepción de seguridad de quienes habitan y transitan la ciudad.
Investigaciones en el ámbito del urbanismo muestran que el entorno construido puede incidir entre un 20 y un 30 por ciento en la percepción de inseguridad. Aspectos como la iluminación, la visibilidad entre espacios y la continuidad del uso del suelo son determinantes en la manera en que los ciudadanos utilizan y se apropian del espacio público.
Desde este enfoque, el diseño urbano se convierte en un aliado para promover la convivencia, la presencia constante de personas y la vigilancia natural. Se trata de priorizar ciudades activas, claras en su traza y bien iluminadas, frente a estrategias que privilegian el control o la intervención invasiva.
Mizrahi Haiat explica que los espacios deteriorados, oscuros o sin actividad cotidiana suelen generar una mayor sensación de inseguridad. En cambio, las calles con usos mixtos —comercio, vivienda y servicios—, fachadas abiertas y buena iluminación favorecen la circulación continua de personas, lo que actúa como un factor disuasivo del delito.
Este modelo parte de la idea de que las comunidades cuidan aquellos espacios que sienten como propios. Un diseño urbano coherente y bien planificado refuerza el tejido social y reduce la dependencia de medidas de control excesivas.
Según Ernesto Mizrahi Haiat, la seguridad debe incorporarse al diseño urbano sin sacrificar la calidad ni la vocación pública de los espacios. Plazas, parques y corredores pueden ser seguros sin dejar de ser abiertos, accesibles e incluyentes.
Esta visión impulsa un cambio de paradigma: entender la seguridad como una consecuencia de entornos bien diseñados y activos, más que como una respuesta constante al conflicto. Así, el urbanismo se consolida como una herramienta fundamental para construir ciudades más seguras, habitables y humanas.
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