En 2025 quedó demostrado que las criptomonedas dejaron de ser una herramienta marginal para convertirse en un instrumento generalizado en las operaciones del crimen organizado, según diversos análisis y reportes especializados.
El fenómeno, que expertos habían advertido desde hace años, se consolidó como una de las preocupaciones más urgentes para la seguridad global y las autoridades financieras.
Lo que antes era una tecnología asociada principalmente con entusiastas tecnológicos o inversores como Bitcoin o Ethereum hoy forma parte de la infraestructura financiera de grupos criminales tradicionales y emergentes que buscan mover grandes sumas de dinero con menor riesgo de rastreo. Criptoactivos permiten transacciones transfronterizas prácticamente instantáneas y casi sin supervisión estatal, características que los delincuentes aprovechan para lavar dinero, financiar redes de explotación y evadir sanciones económicas.
Según especialistas en seguridad digital, las organizaciones criminales de América Latina, Asia y Europa han adoptado estrategias financieras basadas en criptoactivos para diversas operaciones ilícitas. En países como México y Brasil, cárteles dedicados al narcotráfico y redes de ciberdelincuencia han combinado técnicas tradicionales con esquemas digitales sofisticados, mezclando dinero en efectivo con activos virtuales para ocultar el origen de fondos y dificultar la labor de las autoridades.
El mayor robo conocido a una institución financiera brasileña tuvo lugar en julio de 2025, cuando ciberdelincuentes robaron US $150 millones sin necesidad de poner un pie en el banco.
Fuente: Saga