El mercado de las criptomonedas se encuentra bajo una intensa presión a medida que la guerra Irán se intensifica, llevando a los operadores a valorar un escenario antes impensable: la interrupción total del tráfico en el Estrecho de Ormuz.
Si este punto crítico de estrangulamiento logístico se cierra, el precio del petróleo se dispararía, arrastrando consigo a la inflación global.
Este panorama dejaría a la Reserva Federal sin margen de maniobra, obligándola a mantener las tasas de interés elevadas por un periodo más prolongado.
En este contexto, el sector cripto no es inmune; aunque se han registrado compras especulativas por la fuga de capitales regionales, el panorama macroeconómico general es sombrío. El Bitcoin se mueve hoy en sintonía con los activos de riesgo tradicionales, sin lograr el ansiado desacoplamiento.
Esta correlación se ha visto exacerbada tras los ataques de las operaciones “Epic Fury” y “Roaring Lion” iniciados el 28 de febrero de 2026, que marcaron un punto de inflexión en la escalada bélica regional.
Al intensificarse la guerra Irán, la percepción de riesgo ha escalado globalmente, lo que implica que los inversores prefieren la liquidez inmediata sobre la volatilidad de los activos digitales en momentos de incertidumbre militar extrema.